De la idea a la puesta en marcha

Cuando se habla de un nuevo emprendimiento, en lo primero que se piensa es en una idea. Se empiezan a identificar las necesidades del entorno para poder dar una solución a ese problema y así, empezar a construir un proceso emprendedor, que no será del todo fácil.

En la puesta en marcha de todo proyecto novedoso y con un toque innovador se necesita de algo fundamental: actitud emprendedora. Las ideas no nacen de la nada, tampoco aparecen porque sí. Las propuestas que tienen la capacidad de transformar la realidad o de suplir una necesidad llegan porque existe inquietud, curiosidad, creatividad y predisposición.

La idea surge basados en una necesidad, cuando realmente se enfoca en una carencia que se identifica a nivel personal o colectivo, es más fácil que un negocio prospere, ya que existe una necesidad latente en el mercado.

A la vez, se hace necesario crear espacios creativos que fomenten la aparición de ideas útiles e innovadoras, es decir, que en la creatividad está la base del negocio.

Emprender es entregar a la sociedad nuevas soluciones. Por eso es necesario reconocer y apoyarse de forma correcta en los aliados adecuados, indagar sobre la cantidad monetaria conveniente a invertir, pero sobre todo, estar listo para afrontar las dificultades.

Como emprendedor de una idea, que luego pasará a ser un negocio, es obligatorio estar ligado a todos los mecanismos y organizaciones que permiten que el negocio esté dentro de la legalidad. Previo a eso, se debe realizar una consulta para reconocer cuáles son los requerimiento necesarios.

Entre los errores de los potenciales emprendedores está el presupuesto. El capital destinado para materializar la idea no debe ser tan alto. No es necesario tener todo al mismo tiempo para que el negocio funcione. Las cosas se van consiguiendo de a poco.

Cuando ya se tiene una idea y se ha logrado poner en acción, es conveniente validar si es competente en el mercado, de ser así, se le puede dar más fuerza, invertirle más presupuesto y reconocer otras necesidades del entorno para ofrecer más y mejores servicios.

El mercado es muy amplio y la competencia siempre existirá. El riesgo está latente y este es uno de los factores que se deben tener en cuenta a la hora de la creación de una idea.

Después de lanzarse a lo desconocido, encontrarse con dificultades y por fin ser un negocio que funciona, es importante reconocer a más emprendedores que ofrezcan el mismo producto. De ahí, saber cuáles son las diferencias de los servicios prestados. Las nuevas ideas son bienvenidas: hay que implementar aquellas propuestas irruptivas, que les puedan dar un valor agregado a los productos o servicios y así mantener una diferencia significativa con la competencia.

Al final, lo más importante es tener claro qué es lo que realmente se necesita para que ese negocio salga adelante

¿Claves para que un negocio funcione?

Creatividad: Lo primero es un cambio de mentalidad. Creer que se puede lograr. Luego recurrir a espacios creativos que le permitan crear ideas diferentes pero que llenen los espacios del mercado.

Iniciativa: Es aquí donde está el verdadero reto. Cuando ya se ha identificado el problema es necesario tener iniciativa para solución.

Riesgo: Después de materializar la idea y de conocer un mundo que era desconocido, es importante reconocer que se pueden presentar problemas para mantener en pie el proyecto.

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