Las diferencias entre ser emprendedor y empresario

Aunque evidentemente estos dos términos provienen del mismo lugar, no significan con exactitud la misma cosa. Y es que es cosa frecuente que sean usadas de forma indiscriminada, como si fueran equivalentes de un mismo concepto. Aquí veremos cuál es la diferencia entre ambas, pero primero conoceremos un poco sobre su origen.

En origen, estos dos términos provienen del latín imprendere, que significa “tomar algo con la mano”. La idea es que alguien que emprende se atreve a aprovechar las oportunidades, a asirlas fuertemente para que no se le escapen. Sin embargo, las condiciones de nuestro entorno económico han hecho que el significado de ambos términos haya ido adquiriendo matices diversos, muy sutiles pero claros si se observa con atención.

Si bien ambos papeles intentan responder a necesidades e inquietudes mediante una empresa, el empresario tiene la característica de dirigirse a segmentos o grupos ya preestablecidos, mientras que el emprendedor se concentra en un cliente potencial y menos definido. El primero persigue un retorno económico por su esfuerzo; el segundo es un creador de ideas para satisfacer un reto personal o social.

De esta generalidad es posible distinguir diferencias más precisas. Por ejemplo, el emprendedor debe pensar y elaborar en grandes cantidades, es bueno solucionando problemas, funciona como el eje de la máquina operativa de su empresa y tiene una tendencia a premiar a sus trabajadores por su esfuerzo. Por su parte, el empresario se rodea de gente capaz a la que pueda delegar responsabilidades; dedica buena parte de su tiempo a observar cómo marcha la empresa, el mercado y su entorno y prefiere premiar los resultados.

Otra diferencia fundamental es el centro de atención de cada uno de estos papeles. Como el emprendedor no necesariamente busca una recompensa económica y sus clientes son potenciales, debe invertir mucho tiempo y esfuerzo a conocer a las personas que forman parte de su empresa, a través de charlas y acercamientos que lo convierten en un jefe accesible. Este conocimiento profundo le facilita las tareas, ya que sabe de antemano que la gente de la que se rodea es capaz y así no cae en discusiones innecesarias. A su vez, el empresario, que funge como administrador de proyectos, hace negocios con un marcado objetivo de satisfacer la necesidad de otros mediante una transacción económica. Ello lo hace una pieza clave, pues los trabajadores lo ven como la persona indicada para hacer crecer la empresa. Así, su objetivo pasan a ser los números, herramienta mediante la cual puede determinar qué está ocurriendo al interior del negocio.

Conviene dejar claro que, aunque las palabras no son idénticas y las funciones de cada uno tienden a ser ligeramente diferentes, se puede ser empresario y emprendedor a la vez. Tal como decíamos en un inicio, la regla básica es saber cuándo y cómo asir la oportunidad y aprovecharla.

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